miércoles, 7 de marzo de 2012

SOBRE MACROBIÓTICA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA


Una de las características de la MACROBIÓTICA desde que empezó  a expandirse en Occidente es que ha sido y es una filosofía adaptable a los constantes cambios sociales que se han dado en el mundo. Desde tiempos ancestrales hasta hoy en día, numerosas personas de todo el mundo dedicadas a observar la relación entre el modo de vida, la alimentación, la salud y el bienestar han aplicado los principios de la macrobiótica convirtiéndolos en la solución que aporta mejoras en la calidad de vida de quienes la practican.
Muchas personas empiezan a profundizar en la filosofía macrobiótica a través de los interesantes cambios personales que experimentan variando pautas de alimentación. A otras les llama la sana suculencia que ofrece la cocina macrobiótica. ¡¡Qué bien poder mejorar nuestro nivel de energía, salud personal, relación con el entorno y darnos placer comiendo sano!! 

La alimentación macrobiótica, da mucho de sí. Va desde la dieta nº7, el estándar 50-60% cereales, 30% verduras, 10% proteínas, etc. hasta la más exquisita cocina gourmet que incluye casi todo tipo de alimentos frescos, integrales, de cultivo local y ecológicos.
Atardecer rojo en Cubelles


La imagen que se da de la macrobiótica en muchos medios de comunicación no especializados en macrobiótica actualmente, es independientemente de lo que cada uno/a busca en ella, o bien la de una dieta mediante la cual las artistas y determinados personajes de la élite preservan su delgadez y buen tono de piel  o bien la de una dieta peligrosa debido a las posibles carencias nutricionales que le atribuyen cronistas que poco saben de ella y que no la han experimentado ni a medio ni a largo plazo. Esta imagen se aleja de la realidad de la mayoría que la practica, de su verdadera esencia y  corresponde a una aplicación muy parcial del potencial para el cambio personal y social que la macrobiótica nos ofrece.
El objetivo último de la macrobiótica, según las enseñanzas de George Ohsawa es alcanzar la libertad infinita a través de la calidad de vida que en gran medida viene determinada por la calidad de los alimentos que comemos, tomando consciencia de cómo éstos nos influyen a nivel físico, mental y espiritual, y por lo tanto nos ayudan a evolucionar o contribuyen a crearnos desajustes y  enfermedades.
Para alcanzar este objetivo, Ohsawa utilizaba para sintetizar su sistema alimenticio y de vida la noción de vivere parvo, es decir, "vivir sólo con lo que es necesario", a través de los siguientes principios básicos:
1.       Comer tan sólo cuando se tiene hambre y sólo la cantidad necesaria (o ser consciente de que, fuera de eso, el resto son excesos, aunque sean bien placenteros y a menudo ciertamente innecesarios).
  1. Tomar alimentos provenientes del medio en el que se vive y de temporada (éstos nos corresponderán de una manera más armoniosa, ya que las personas, como los alimentos, somos un producto de nuestro medio).
  2. Evitar tomar demasiadas sustancias o alimentos extremadamente Yin con el fin de favorecer la fortificación del sistema nervioso autónomo (que se considera que constituye la base de un sistema inmunitario eficaz).
  3. Tomar alimentos lo menos manipulados posible (integrales, sin abonos ni productos químicos, etc.).
  4. Masticar concienzudamente cada bocado (1)
Atardecer en la Olla de Altea

La macrobiótica tiene en común con la soberanía alimentaria la potenciación del consumo de alimentos de la estación, cultivados en la propia localidad, y ecológicos (principios básicos 1, 2 y 4) .
La soberanía alimentaria constituye un posicionamiento que planta cara al actual desarrollo de la industria agro-alimentaria. Propone recuperar la tradición agrícola para abastecer a las poblaciones desde sus propios campos, pudiendo controlar y decidir cómo se cultiva, el origen de los alimentos y por tanto su calidad, evitando manipulaciones genéticas y comerciales sobre los mismos.
Michio y Aveline Kushi, en  los años 60, invirtieron todos sus ahorros en potenciar el cultivo ecológico del arroz en EEUU y fundaron Erewon, la primera distribuidora de alimentos orgánicos,  ya que en esos años, sólo se podía comprar arroz integral y alimentos que contenían pesticidas. Hoy en día, la expansión de los negocios de alimentos ecológicos demuestra que estaban en lo cierto cuando apuntaban que “un grano da 10.000 granos”. 
La macrobiótica original era un estilo de vida afín al DECRECIMIENTO, el cual argumenta que podemos consumir menos y vivir mejor felizmente.  Es decir, “vivere parvo” o hacer lo máximo con lo mínimo.
Atardecer en Calpe


La práctica de la dieta macrobiótica es una manera de incidir en el descenso del consumo de productos alimenticios importados o que han sido alterados mediante procesos industriales (refinados, con aditivos, envasados, congelados…) y por tanto, de contribuir mediante los propios hábitos de consumo  en la sostenibilidad. Pero... ¿Comprar productos ecológicos y comerlos aplicando el Principio Único para mejorar nuestra salud es suficiente? ¿Nos quedamos aquí o queremos ir un poco más allá implicando nuestro modo de vida participando en todo lo que podamos en la sostenibilidad de la tierra?

En mi opinión, se hace necesario poner freno al consumo de productos ecológicos que provienen de otro país. Por ejemplo, productos macrobióticos del  Japón o vegetales de Latinoamérica en España. En vez de importarlos de países lejanos, compremos los cultivados en la propia localidad o país y elaboremos en casa los productos típicos del Japón, que se usan en la macrobiótica: el miso, el tamari, el tekka...comprando lo mínimo que proviene del extranjero; comamos algas del Mediterráneo o de Galicia. Hagamos también nuestro propio seitán, leches vegetales, etc. ¡Ahorraremos envases innecesarios y un buen pellizco de euros!

También se debería de integrar la fitoterapia propia de nuestro hábitat y usarla como remedio curativo. Yo lo he hecho siempre. Para mi no tiene sentido emplear hierbas chinas o soluciones ayurvédicas si en el parque natural del Foix, que está a 15mn de mi casa, puedo encontrar tomillo, hipérico, gordolobo, manzanilla, poleo, salvia, espliego, ruda, malva, cola de caballo, llantén, diente de león, ortigas...
Estas hierbas son también fáciles de encontrar en las herboristerías o se pueden plantar en macetas en la terraza.

La soberanía alimentaria entiende  el comercio internacional como un complemento a la producción local. Implica devolver el control de los bienes naturales, como la tierra, el agua y las semillas, a las comunidades y luchar contra la privatización de la vida. (Esther Vivas). Es una llamada a recuperar la resiliencia, la autonomía  y la libertad de los pueblos, a unirnos en comunidades, a  trabajar en colaboración. En resumidas cuentas, es un gran paso hacia la propia libertad y quizás hacia la consecución de la libertad infinita. Para ello, es necesario disfrutar de buena salud y fortaleza, aspectos personales a los que nos lleva un adecuado equilibrio en la alimentación, comprendiendo  a través de la macrobiótica como actúan los alimentos en nuestro organismo para lograr este óptimo nivel de salud que nos permite despreocuparnos de las enfermedades y de la energía destinada a resolver malestares en general. Si la salud física y mental se encuentran en orden, se puede enfocar las energías hacia el trabajo que realmente deseamos desempeñar, hacia proyectos para el cambio social, hacia la soberanía de la localidad, hacia la unión que hace la fuerza, si esto es lo que se quiere hacer.

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SOBRE MACROBIÓTICA Y SOBERANÍA ALIMENTARIA por AGNÈS EMMANUELLE PÉREZ se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
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