Sabemos que un 70% de nuestro cuerpo es agua, así que, según sea su calidad físico-química, su estructura molecular, su energía y su vibración, así serán nuestros huesos, nuestra sangre, nuestro cerebro, nuestros tejidos, nuestros pulmones, la calidad de nuestra digestión, nuestra presión sanguínea… ¿Nuestras emociones?
El gran salto es darse cuenta, tomar conciencia, de que el agua no es solo un recurso para mantenernos vivos: el agua es el medio en el que habita la vida, el medio en el que se producen todas las reacciones bioquímicas. Nosotros creemos que también es el soporte donde quedan grabadas todas nuestras emociones.
Por eso es tan importante la calidad del agua que bebemos. Porque ese agua es un agua de reposición, de renovación. Un agua que llega a un Al igual que nuestro planeta, los seres humanos somos agua en un 70%.
Una persona de 70 kilos, por ejemplo, contiene 50 litros de agua en su cuerpo. ¿Dónde está os preguntaréis? Casi podríamos decir que dónde no está, porque el 80% de nuestra sangre es agua. El 85% del tejido del cerebro es agua. El 84% de los tejidos nerviosos de nuestro cuerpo son agua. El 73% de nuestro hígado es agua. El 75% de nuestros músculos son agua. El 30% de nuestros huesos son agua. Un ser humano es un colectivo de millones de células que se reproducen o se renuevan periódicamente.
Cada una de esas células que constituyen nuestro organismo es agua en un 75%.
El agua también interviene en el funcionamiento de la digestión, el metabolismo y la respiración; en la regulación de la temperatura del cuerpo, en el equilibrio de la presión sanguínea, como transportador de nutrientes… En cada una de estas funciones es imprescindible un eficiente flujo de agua, ya que es el agua quien transporta y asegura que las hormonas, los mensajeros químicos y los nutrientes, lleguen a nuestros órganos vitales. El agua es una biomolécula, la biomolécula inorgánica más abundante en el cuerpo humano.
biomoléculas restantes, azúcares, grasas, proteínas, ácidos nucleicos, etc., no solo estarían varadas e inmóviles como ballenas en una playa, sino que dejarían de ser biomoléculas, se disolverían o agarrotarían, perdiendo su función biológica”.
Para los biólogos Mark Gerstein y Michael Levitt, “Los procesos biológicos solo pueden entenderse en términos de las propiedades físicas y químicas del agua” .
Para el Dr. Balmanghelidj “El agua regula todas las funciones de nuestro organismo, incluyendo la actividad de las sustancias que disuelve y hace circular”.
Según el Dr. Balmanghelidj, “El agua debe transformarse en la base de todo el enfoque futuro de la investigación médica.”
El Dr. Alexis Carrol, premio Nobel de medicina en 1912, defiende que “La célula es inmortal”. Según Carrol, “Es el fluido en el que flota la célula, básicamente agua, lo que degenera”.
Para el Dr. Manuel Arrieta “El secreto de la salud y de la vitalidad es el recambio del agua celular”. El Dr. Arrieta considera el envejecimiento como una pérdida de la conductividad del agua celular. Un pequeño océano, ya que eso es lo que somos todos nosotros.
Con Masaru Emoto hemos descubierto que el agua tiene memoria, ya que es capaz de estructurarse de una manera u otra según la información que recibe. También averiguamos que el agua puede estar limpia, física y químicamente, pero energéticamente muerta.
Cada día son más las personas que buscan y compran alimentos con certificación ecológica, porque quieren productos con todo su poder nutritivo y energético.
El agua también es un alimento. Uno de los alimentos esenciales para el ser humano. El agua es fundamental para mantener en buen estado nuestro cuerpo físico y nuestro tono vital. Si el agua es capaz de retener y recordar la información que recibe, y esa memoria afecta directamente su estructura y su orden o desorden interno; y si nosotros somos agua en un 70%, la calidad física y energética del agua que bebemos, evidentemente, repercutirá sobre nuestro cuerpo físico y emocional.
Las antiguas tradiciones consideraban el agua fuente de sanación y regeneración. Portadora de vida, portadora de la corriente cósmica, de la energía creadora.
Teniendo pues en cuenta las investigaciones de Emoto, una manera de limpiar el agua de nuestro cuerpo podría ser tomando conciencia de la energía que emiten nuestros pensamientos, palabras y acciones. Darnos cuenta de que cada uno de nuestros pensamientos, palabras o acciones tienen un impacto directo sobre las aguas de nuestro cuerpo, del de los y las demás así como sobre las aguas del planeta.
Nuestra agua es el vehículo mediante el cual esa información es reenviada al resto de nuestro organismo, y es de la manera en que nuestro organismo es informado. Ya sea a través del agua de nuestra sangre, de nuestros tejidos, etc. Nuestro cerebro, nuestras glándulas endocrinas, nuestros mediadores químicos actúan luego como respuesta al mensaje recibido. Actúan para protegernos y alertarnos, o bien para facilitarnos una sensación de deleite y de disfrute. Lo importante es que entendamos que toda la respuesta fisiológica la ha puesto en marcha el agua de nuestro cuerpo.
“Somos Únicos. Somos Agua” de Antonio Lozano Domènech.
Algunos estudios medio-ambientales han determinado que aproximadamente el 40% del agua que consumimos está contaminada y contiene trazas de hormonas, toxinas y drogas químicas. Algunos países tienen la suerte de tener mejor calidad de agua que otros, pero aún así, su conservación y empleo s un asunto que atañe a la humanidad. Un documental interesante acerca del recurso agua en nuestro planeta es: "SOLO UN AGUA" (Sanjeev Chatterje/ Ali Habashi, 2008 - EEUU)









