miércoles, 30 de junio de 2010

EL YOGA Y LA DIETA

Suele decirse que “se cosecha lo que se siembra” y los yoguis dicen que “se piensa según lo que se come”. Por lo tanto, la dieta y el yoga van de la mano.
Cualquier estudiante de yoga o cualquier otro aspirante espiritual sabe que el observar una dieta pura es requisito imprescindible para el desarrollo del cuerpo y de la mente. Y para la iluminación del sí-mismo.
Todos los resultados de las acciones dependen de las causas mismas. Si la causa es recta, lo que de ella resulte será por fuerza recto. Así pues, el carácter de las personas está determinado por los alimentos que come y por el modo en que come.
En todos los textos yóguicos dirigidos al practicante de yoga se enfatiza la importancia de ingerir comida pura. Ni la salud física ni la quietud mental podrán conseguirse si se ingieren alimentos excitantes o dañinos o carne. El yoga enseña que el principio fundamental es ingerir alimentos, no para la placentera satisfacción de los sentidos sino para nutrir al alma que existe en nuestro interior. La comida debe adecuarse a lo que es natural para el ser humano.


Alimentarse de animales perturba la armonía del bienestar total del individuo; cualquier perturbación derivada de la ingesta de alimentos inadecuados tiene una reacción que afecta a la capacidad de pensar y crea confusión y pensamientos ilusorios, lo cual genera en el cuerpo y en la mente un desasosiego que obstaculiza el progreso espiritual. El yoga tiene como meta disciplinar el cuerpo y la mente. Atendiendo a las características naturales de nuestros dientes e intestinos, el ser humano es herbívoro y frugívoro, y eso significa que cualquier otro alimento es contrario a la ley de la naturaleza. La salud física depende de los alimentos que ingerimos, y si no ponemos consciencia ni cuidado en cuanto a la nutrición del cuerpo, lo que hacemos es empobrecer el organismo entero.
Mediante la práctica continuada del yoga se refinan los instintos y gradualmente el individuo va ascendiendo a un conocimiento más elevado. Si, en su ignorancia consideraba que los alimentos animales eran imprescindibles para la fortaleza del cuerpo, a través de la práctica yóguica empezará a darse cuenta de que se trataba de una ilusión, de un engaño y por tanto, y por tanto no volverá a plantearse la posibilidad de consumir carne o alimentos que no sean de origen vegetal.
Uno de los principios esenciales de todos los caminos es que la dieta vegetariana mantiene la mente limpia y pura.
La práctica del yoga es un sistema sin rival para la prevención de enfermedades. El yoga es casi tan antiguo como la civilización, y sin embargo encaja perfectamente en esta época moderna como ayuda para conservar y sustentar una buena salud, absolutamente necesaria tanto para el disfrute de la vida como para la emancipación. Es ya un hecho demostrado que la alimentación desempeña un papel primordial en la prevención de enfermedades y en la curación de dolencias.


En la actualidad algunas de las personas que practican con sinceridad una disciplina espiritual, desgraciadamente no se atreven a pensar en el perfeccionamiento de sus cuerpos, por miedo a convertirse en personas vanas, preocupadas por su físico. El cuerpo es el templo del alma, un instrumento cuyo fin es acercarnos a la meta de la realización. No se trata de que quien busca la verdad haya de descuidar el cuerpo. Permitidme, por tanto, aseguraros a quienes sois sinceros/as practicantes que perfeccionar el cuerpo mediante una alimentación pura y la observación de los principios “del recto vivir” es absolutamente esencial. Asimismo, es altamente beneficioso a todos los niveles para quienes practican una alimentación pura, el practicar los ocho aspectos del yoga de Patañjali.
Es fácil olvidarse del cuerpo cuando éste se halla en perfecto estado. Es cuando aparecen la enfermedad, el dolor, o las molestias cuando el cuerpo se convierte en una preocupación y esto entorpece el progreso espiritual. Aunque el sabio Patañjali nada explica directamente acerca de la comida, creo que implícitamente se refiere a ella cuando habla de sus arquetipos de yama y niyama. La no-violencia, el no matar, no robar, la veracidad, la continencia, y la ausencia de codicia, la limpieza, las oraciones, el contento, la perseverancia en la práctica, la generosidad y la total entrega a la voluntad de Dios son la esencia de las cualidades virtuosas individuales. Éstas conforman los valores del estudiante de yoga.


Todo el mundo quiere paz. El cuerpo es como una nación. El agresor se aprovecha de la debilidad de una nación para anexionársela. De la misma manera, nuestras enfermedades atacan nuestro organismo y crean infelicidad y desdicha en lugar de felicidad, paz y amor.
Para escalar el “Everest de la bienaventuranza”, yoga y vegetarianismo marchan juntos, como las dos alas de un ave que vuela cada vez más alto para dar prueba de su fuerza y de su bienaventuranza.

BKS Iyengar: Astadala yogamala III.

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